No sé por qué, esta Navidad me he acordado de Montera. Tal vez sea porque la primera vez que pasé por ella fue en vísperas de estas fiestas.
El día era frío, y yo andaba por Gran Vía embutido en mi abrigo beige, ese que tanto me gusta, con sus hombreras negras, con el gorro de lana que me regalo mi hermana mayor calado hasta el lóbulo de las orejas y enfundado en mis entonces nuevos guantes. Vamos, lo que se dice un día frío. Que es cierto que algunos días de verano con gusto iría de la misma guisa, pregúntenle a mi madre, pero ese día la ropa estaba bien justificada. Iba de paseo y sin prisas, así que pensé en ir a la Plaza Mayor pasando por Puerta del Sol, y la forma más directa de hacerlo es por Montera. (más…)

