Soy un nacionalista extremista.
La gente que me conoce seguro que se ha sorprendido. O al menos debería, porque yo me enteré el otro día leyendo el periódico. Al parecer los belgas utilizan el idioma como arma, promocionando el puritanismo de su lengua, bien sea esta el francés o el flamenco, en detrimento de la otra. Yo no soy belga, pero suele molestarme leer faltas de ortografía y a veces hasta corrijo, con ocasionales resultados nefastos, abanderado de la lengua castellana, defendiéndola frente barbarismos de toda índole, faltas de ortografía, faltas gramaticales y tergiversaciones políticas. Y es que no hay día que pase que no me encuentre a algún alelado, escaso de razón, irritando ojos a diestro y siniestro, en virtud de errores indignos de un analfabeto, e incluso alardeando en ocasiones.
No sólo me molestan los errores. También me disgusta lo políticamente correcto. Discúlpenme, pero dudo yo que un político sepa mucho de temas lingüísticos. Iba a poner ejemplos de eufemismos estúpidos surgidos de esta moda, tan solo mencionaré la fastidiosa costumbre de utilizar el masculino y el femenino de todas las palabras durante los discursos, haciendo que estos se alarguen, en un intento de dar a entender que se solidarizan con las mujeres maltratadas. A los feministas de opereta, porque también los hay “hombres” aunque los peores son “mujeres”, decirles que a ver si aprenden de una vez que la séptima acepción de género poco tiene que ver con la primera de sexo, aunque la sexta de aquella parezca incluir a la segunda de esta, lo cual no hace.
Por si fuera poco, oficios que tienen en el buen hablar y escribir su sustento poco ayudan últimamente en mejorar el panorama. Los periodistas inventan palabros para evitar la deshonra de consultar un diccionario de sinónimos y antónimos, que al igual que las meigas haberlos, haylos
, cuando no utilizan mal las que ya existen. El trabajo de los traductores –aquí sí– deshonra el realizado por Zenobia Campubri, en especial dentro de mi campo: la informática. No sigo porque la lista es larga y ya es tarde. Échenle imaginación e intenten hacerse una idea, sabiendo que quien tiene el deber de velar por el buen uso del idioma se dedica a prostituirlo impunemente admitiendo barbarismos insufribles e innecesarios, bien porque es de uso común
, bien porque no participa en polémicas
.
¡Quién tuviera la pluma y el desparpajo de Arturo Pérez-Reverte para saber escribir un irónico y esperpéntico artículo sobre el tema –tal vez con menos palabrotas, eso sí–!
Yo no la tengo, pero eso no significa que me amilane, al contrario: subo al pedestal, enarbolando la bandera carmesí, y me enfrento a HOYGANs, SMSeros, guidos, pastilleros, sudacas, chupatintas, académicos y demás ralea gritando:
¡Méjico se escribe con jota!


No hay que ser tan radical en nada en esta vida. A mí me gusta tambien escribir sin faltas de ortografía. Y para hablar y escribir correctamente pues la R.A.E. y si tienes dudas pues a consultar el DICCIONARIO PANHISPÁNICO DE DUDAS, que para eso está.
Así que busco “México”, y pone:
“México: La grafía recomendada para este topónimo es México, y su pronunciación correcta, [méjiko] (no Marca de incorrección.[méksiko]). También se recomienda escribir con x todos sus derivados: mexicano, mexicanismo, etc. (pron. [mejikáno, mejikanísmo, etc.]). La aparente falta de correspondencia entre grafía y pronunciación se debe a que la letra x que aparece en la forma escrita de este y otros topónimos americanos (→ Oaxaca y Texas) conserva el valor que tenía en épocas antiguas del idioma, en las que representaba el sonido que hoy corresponde a la letra j (→ x, 3 y 4). Este arcaísmo ortográfico se conservó en México y, por extensión, en el español de América, mientras que en España, las grafías usuales hasta no hace mucho eran Méjico, mejicano, etc. Aunque son también correctas las formas con j, se recomiendan las grafías con x por ser las usadas en el propio país y, mayoritariamente, en el resto de Hispanoamérica.”
También busco “Méjico” para ver que me cuenta:
“Méjico. → México.”, es decir, me dice que me vaya a México.
Bueno, nada más, hay que escribir bien, pero o ser radical.
Además de confirmar lo que dice Terebel, un problema: Los enlaces al foro me obligan a registrarme , asi que no puedo leer los ejemplos
“Haylos” se escribe con “Y griega”
Mensaje eliminado por Momar por no cumplir con lo expuesto en A tener en cuenta por el lector: Incontables faltas de ortografía y buena dosis de falta de respeto.
Perdón por la tardanza: hace meses que no tengo conexión a Internet y sólo me conecto desde el trabajo.
Terebel: últimamente opino que los de la RAE ni limpian, ni fijan, ni mucho menos dan esplendor. Lo de Méjico es sólo una anécdota y poco más. Es como decir “Girona” en lugar de Gerona o “euskera” en lugar de vascuence. Por ejemplo: ¿cuál es la capital de Inglaterra, Londres o London? Pues con Méjico lo mismo. De hecho opino que en hispanoamérica no hablan castellano, sino mejicano, argentino, boliviano, etc.; y desde que vivo en Madrid estoy más convencido de ello. Y repito: en mi opinión, la cual es completamente subjetiva.
No soy Job: el problema es que yo estoy siempre identificado y no me dí cuenta. Básicamente, en el primer enlace mi enorme boca y mi poco seso me pierden, y terminamos discutiendo (ya me conoces). Al final llegamos a un acuerdo por el que cada cual escribirá los topónimos como le plazca, siempre que no sea una burrez, claro.
Uno: Tiene razón, y no hay escusa que valga. Ya lo he corregido, pero que sepa el Mundo que en la primera versión escribí “hailos”. Mea culpa.
Se escribe MEXICO pedazo de bestia, antes de intentar hablar sobre como se escriben las cosas aprende a respetar al resto de culturas que tambien son hispano hablantes y a un pais orgulloso como MEXICO.
no no soy mexicano, pero me ofende igualmente que tu decidas que su nombre ahora es mejiko, y si tanto hablas de defender el castellano por que no me das unas clases para poder pronunciar de distinta forma la B y V y la G la J como antiguamente, y no ahora…
Aprende luego habla.
1.- Se escribe “también”, cacho de trozo.
2.- Lo mismo digo.
3.- Tan orgulloso como yo de mi Castilla.
4.- Yo no he decidido nada.
5.- Nunca he escrito (ni escribiré jamás) “mejiko”.
6.- En castellano no hay diferencia de pronunciación entre la “B” y “V”.
7.- Si no sabes distinguir entre “gato” y “jato” el problema lo tienes tú, no yo.
Por cierto: tres faltas ortográficas en una única palabra de seis letras.
Dudo que contestes pero, si lo haces, ándate con ojo que estás pisando la línea.